El origen del monstruo: ¿cuándo se instaló en ti?
Spoiler: no nació con la residencia.
Esto empezó cuando eras el/la que siempre entregaba los trabajos una semana antes.
Cuando lloraste por sacar 18 en vez de 20.
Cuando pensaste que estudiar medicina significaba ser infalible, no humano.
La carrera no ayudó: los profesores te premiaron por memorizar 200 síndromes.
Tus compañeros te admiraban por dormir 3 horas y seguir de pie.
Y tú… empezaste a identificarte con esa imagen.
Te convenciste de que ser excelente significaba no fallar nunca.
Y ahora, años después, estás atrapado en un sistema que te exige más de lo que es razonable… y tú, voluntariamente, decides exigirte aún más.
El ciclo clínico del perfeccionista crónico
- Te exiges al 120% porque “no puedo permitirme errores”.
- Te sobrecargas de tareas para mantener ese estándar.
- Te frustras porque el tiempo y el cuerpo no alcanzan.
- Te agotas física y emocionalmente.
- Empiezas a fallar o rendir menos.
- Te castigas internamente por no rendir igual.
- Regresas al punto 1, pero con menos energía y más culpa.
Este bucle es tan común en médicos que debería tener su propio código CIE-11.
Las mentiras que te cuenta tu perfeccionismo
- “Si no lo haces tú, nadie lo hará bien.”
- “Podrías haberlo hecho mejor.”
- “Un buen médico no se equivoca.”
- “Tienes que estar siempre disponible.”
- “Descansar es de flojos. Aprovecha para leer ese paper pendiente.”
- “Tú no puedes permitirte un mal día.”
¿Y sabes qué tienen en común todas estas frases?
Son mentira. Pero suenan razonables porque te las repites con voz de exigencia “responsable”.
Las consecuencias invisibles
- Empiezas a desconectarte emocionalmente de los pacientes.
- No disfrutas los logros: apenas los consigues, ya estás pensando en el próximo reto.
- Tu identidad se vuelve inseparable del rendimiento: si cometes un error, sientes que tú eres el error.
- Sufres de una ansiedad basal constante, que camuflas como “compromiso”.
- Te cuesta pedir ayuda. Porque pedir ayuda es admitir que no eres perfecto.
Spoiler: todos los médicos funcionales que admiras están agotados en silencio.
La diferencia es que algunos lo saben… y otros lo niegan hasta que se desmayan en un pasillo.
El acto radical de hacer solo lo necesario
¿Sabes qué es realmente difícil para un perfeccionista?
Hacer solo lo justo.
Hacer una historia clínica clara, sin poesía.
Delegar una tarea sin revisar cada coma.
Responder un caso con “vamos a esperar y reevaluar”, en vez de quedarse 3 horas buscando la rara enfermedad que nadie tiene.
Eso, para ti, es casi un acto de fe.
Pero es la única forma de sobrevivir en un sistema que ya te exige demasiado.
El camino hacia el equilibrio (sí, existe, pero no se ve en Google Maps)
- Identifica tu punto de saturación antes de colapsar. Aprende a reconocer cuando estás entrando en modo “máquina que odia a todos”.
- Acepta que la medicina es ambigua. A veces no hay una mejor decisión. Hay una decisión razonable. Eso basta.
- Rodéate de gente que sepa frenar. El colega que dice “ya, basta por hoy” puede ser más sabio que el que lee artículos a las 2 am.
- Haz algo mal de vez en cuando a propósito. No algo grave, claro. Pero permite que una nota no tenga la frase perfecta. O que un resumen no tenga todas las referencias.
- Terapia. Sí, tú. El perfeccionismo no se cura con más artículos ni con checklists. Se trabaja en un lugar donde puedas desarmarte sin miedo.
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2 comentarios sobre “Escoger una especialidad: Balance entre el perfeccionismo y el agotamiento”