Lo que no te dijeron en la universidad
Te enseñaron a salvar vidas.
A diagnosticar en 15 minutos.
A identificar sonidos cardíacos en un salón con 200 personas.
Pero nadie te enseñó qué hacer cuando:
- Un paciente muere y su familia te mira como si tuvieras que haber hecho magia.
- Te equivocas en algo mínimo y te lo hacen sentir como si hubieras causado un genocidio.
- Sientes que ya no tienes nada que dar, y aún faltan 8 horas de turno.
- Te preguntas si todo esto tiene sentido… pero no puedes parar.
Eso no viene en las guías clínicas.
Pero forma parte del trabajo.
Resiliencia no es ser de acero. Es ser elástico.
Piensa en esto:
Los materiales más resistentes no son los duros.
Son los que se doblan sin romperse.
Los que, aun deformados, vuelven a su forma original con el tiempo.
La resiliencia no te hace inmune.
Te hace capaz de reconstruirte después del desgaste.
Y si estás en medicina, el desgaste es crónico.
¿De dónde sale la resiliencia?
Spoiler: no se compra.
No se aprende en una charla TED.
No aparece después de tu primera guardia.
Se construye. Con experiencia, conciencia y práctica deliberada.
Veamos las fuentes reales de resiliencia en la vida médica:
🧠 1. Entender que el dolor no te descalifica
Ver morir a alguien y sentirte devastado no te hace débil.
Quedarte tocado por una historia dura no te hace menos profesional.
Tu humanidad no interfiere con tu capacidad clínica.
La potencia.
La resiliencia no es “seguir como si nada”.
Es sentir todo… y aun así continuar sin desmoronarte en mil pedazos.
🧱 2. El sistema está roto. Tú no tienes que romperte también.
El hospital no va a bajar el ritmo por ti.
Las jefaturas no van a preocuparse por tu estabilidad emocional.
El sistema no está hecho para que sobrevivas entero.
Y sin embargo, no puedes rendirte.
Por eso la resiliencia es la diferencia entre:
- Dejarte absorber por la máquina.
- O construir pequeñas trincheras de autocuidado que te permitan seguir con algo de alma intacta.
🧭 3. Tu propósito va a tambalear. Déjalo.
No siempre vas a sentir pasión.
No todos los días vas a querer ir al hospital.
Algunas semanas vas a odiar tu especialidad, tus decisiones y hasta a tus pacientes.
Eso también es parte.
Eso no significa que elegiste mal.
Solo que estás exhausto.
La resiliencia es dejar espacio para la duda sin dejar que la duda te paralice.
🎭 4. Aprender a filtrar lo que sí importa
Una habilidad clave para no volverse cínico:
saber qué críticas absorber y cuáles desechar.
- El paciente grosero que no sabe lo que haces: su enojo no es tu culpa.
- El jefe que te desarma sin enseñar: no es mentor, es trauma con título.
- Tus propios estándares imposibles: no tienes que ser infalible para ser valioso.
Resiliencia es decir:
“Esto me dolió, pero no me define.”
🌱 5. Crear rituales que te devuelvan la vida
No se trata de rituales esotéricos (aunque si eso ayuda, adelante).
Hablo de cosas concretas que le digan a tu cuerpo y mente:
“Ya salimos del hospital. Ahora somos personas otra vez.”
Puede ser:
- Cambiarte la ropa apenas llegas a casa.
- Tomar una ducha como si te lavaras también el alma.
- Escuchar música en el camino de regreso que no tenga nada que ver con medicina.
- Ver algo que te haga reír sin sentir culpa.
Esa transición te salva.
Es lo que impide que el hospital se meta en tu casa, en tu cabeza y en tus sueños.
🧱 6. Fortalece tu identidad fuera del título
Eres médico, sí.
Pero también eres hijo, hija, pareja, amigo, lector, músico, cocinero, persona que llora en el súper por razones absurdas.
La resiliencia se rompe cuando tu única fuente de autoestima es el trabajo.
Si un día fallas como médico (y lo harás),
¿qué queda?
Si solo hay vacío, la caída será peor.
🪨 7. Repite este mantra: «No me rindo, me reinvento»
La resiliencia no es seguir con la misma receta siempre.
A veces significa cambiar de enfoque, pedir ayuda, hacer pausas, romper rutinas, salir del molde.
No hay una sola manera de ser médico.
Hay muchas. Y todas merecen respeto.
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Un comentario sobre “Escoger una especialidad: Resiliencia en la práctica médica”