¿Sabías que hay médicos que no delegan ni el respiro?
Literalmente. Hay residentes que:
- Hacen notas por todos los internos.
- Llaman a todas las interconsultas aunque estén en rotación con 6 personas.
- Revisan lo que el pasante hizo… y lo rehacen entero.
- Corrigen la letra de otros como si eso evitara un código rojo.
Y se van a la casa rotos, con migraña y un resentimiento que luego descargan en el pobre estudiante de pregrado que solo quería preguntar dónde estaba el baño.
Ese no es liderazgo.
Eso es una profecía autocumplida:
“Nadie me ayuda porque nadie lo hace como yo.”
Claro, porque nunca dejas que lo intenten.
¿Qué está en el fondo de esa culpa?
No es solo responsabilidad.
La culpa de delegar viene muchas veces de:
🎓 Formación tipo “solo tú puedes salvar al paciente”
Desde la universidad te dicen que si tú no estás 100% en control, algo va a salir mal.
Resultado: te crees responsable de TODO, desde el diagnóstico hasta si el café de la sala de médicos está frío.
👀 Miedo a perder control (y prestigio)
Si otro lo hace, y lo hace bien, ¿para qué estás tú?
¿Y si alguien nota que no hiciste esa evolución?
¿Y si el jefe no te ve sudando?
La cultura médica ha glorificado el “yo me encargo” al punto de que pedir ayuda parece debilidad.
Pero adivina:
el médico que nunca pide ayuda no es admirado.
Es sospechoso. Porque el que no delega, no enseña.
Y el que no enseña, no escala.
Delegar bien es hacer que el equipo funcione incluso cuando tú no estás
Esa es la meta.
Que si te enfermas, si tomas vacaciones, o simplemente tienes un mal día, las cosas sigan funcionando.
¿O quieres ser ese jefe que cuando falta, todo el servicio colapsa?
Eso no es poder.
Eso es dependencia disfrazada de liderazgo.
Casos reales donde delegar cambia el juego
🔹 Caso 1: Interno que escribe notas
Mito: “Nadie puede escribir la nota como yo.”
Realidad: El interno puede dejar lista la base, tú la revisas y corriges en 3 minutos en lugar de escribirla entera.
Tiempo ahorrado: 15-20 minutos por paciente.
Tu hígado te lo agradece.
🔹 Caso 2: Pasante en seguimiento telefónico
Mito: “Mejor lo llamo yo, sé cómo hablarle.”
Realidad: El pasante puede hacer la llamada, tú supervisas el contenido. Él aprende, tú no te saturas.
Ganancia: experiencia para el pasante, 0 frustración para ti.
🔹 Caso 3: Enfermera que ya hizo lo que ibas a hacer
Mito: “Si yo no lo hago, no se hace.”
Realidad: Ya estaba hecho. Solo no te enteraste porque no preguntaste.
Delegar también implica comunicación clara.
No asumir que eres el único que se preocupa.
La clave es delegar con conciencia, no por desesperación
Delegar cuando estás al borde del colapso es lo mismo que lanzar una granada y esperar que alguien la atrape.
Hazlo antes. Hazlo bien. Hazlo con respeto.
- Define expectativas claras.
- Da contexto, no solo tareas.
- Confirma que la persona está capacitada.
- Evalúa el resultado sin buscar fallas como si fuera un examen oral.
Y si algo sale mal: no uses eso como excusa para no volver a delegar
Sí, a veces te van a fallar.
A veces el estudiante no sabrá explicar el tratamiento.
A veces el R1 no llenará bien el informe.
Y a veces el mundo seguirá girando a pesar de ello.
Equivocarse no es motivo para centralizar el poder.
Es oportunidad para enseñar.
Entrena tu músculo de delegar
Empieza pequeño:
- Haz que otro llame al laboratorio.
- Pide al interno que escriba la evolución.
- Deja que alguien más organice el traslado del paciente.
Y luego ve subiendo:
- Organizar flujos de trabajo.
- Distribuir turnos.
- Confiar en otros para hablar con la familia del paciente.
Sí, incluso eso.
Porque al final del día, no es tu culpa necesitar ayuda.
Lo raro sería no necesitarla.
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Un comentario sobre “Escoger una especialidad: El arte de delegar sin culpa”