🧠 “Doctor, ¿reanimamos?”

Era casi la una de la mañana cuando sonó el teléfono interno.
La voz del residente sonaba apurada, con esa mezcla de urgencia y duda que uno reconoce al instante.

—Doctor, el paciente del 312 está con presión baja y frecuencia 180… fibrilación auricular rápida. Está inconsciente.

Subí de inmediato.
En la sala, el monitor mostraba una taquiarritmia irregular, presión arterial cayendo, saturación errática.
El residente sostenía la jeringa con amiodarona, preparado para iniciar la carga.
Nos miramos, y sin decirlo, entendimos que algo más profundo estaba pasando.


🩺 El contexto

Don Manuel, 79 años, había ingresado unas horas antes por un accidente cerebrovascular isquémico extenso en territorio de la arteria cerebral media izquierda.
Su tomografía mostraba un infarto masivo con desviación de la línea media.
Estaba en coma profundo, sin reflejos protectores, sin respuesta motora, respirando apenas con soporte de oxígeno.

Ahora, con una frecuencia de 180 y una presión de 70/40, el cuerpo simplemente cedía.


⚖️ El dilema

Todo en la formación médica nos lleva a actuar: a revertir, a hacer algo.
Pero en ese momento, era evidente que no había retorno neurológico posible.
Podíamos revertir la arritmia, sí; incluso estabilizar transitoriamente la presión.
Pero ¿para qué? ¿Para prolongar unos días un cuerpo sin consciencia ni posibilidad de recuperación?

Hay decisiones que no se toman con las manos, sino con la conciencia.


💬 La conversación

Llamamos a la familia.
Esperaban en el pasillo, exhaustos. Les expliqué con calma lo que estaba ocurriendo:
que el corazón estaba fallando,
que podríamos intentar maniobras de reanimación,
pero que el daño cerebral era irreversible.

El hijo mayor preguntó en voz baja:

—Doctor… si lo reaniman, ¿va a despertar?

—No —respondí con sinceridad—. Su cerebro ya no tiene posibilidad de recuperación.

El silencio que siguió fue más elocuente que cualquier palabra.

—Entonces, déjelo descansar, doctor.


🧠 Reflexión

Minutos después, el monitor marcó una línea recta.
Y en ese silencio denso que solo se siente en las madrugadas de hospital, comprendí una vez más que la medicina no siempre se mide en intervenciones, sino en humanidad.

Saber cuándo detenerse también es un acto de cuidado.


📚 Evidencia y contexto

  • En infartos cerebrales extensos (territorio ACM), la mortalidad puede superar el 80%, incluso con tratamiento intensivo (Hacke W. et al., NEJM, 1996; Vahedi K. et al., Lancet Neurol, 2007).
  • En pacientes comatosos con daño cerebral irreversible, la RCP tiene éxito funcional <2% (AHA 2023).
  • Las guías de cuidados al final de la vida (AHA 2023, SEMI 2022) recomiendan no iniciar maniobras de reanimación cuando el pronóstico neurológico es incompatible con una recuperación digna.

💡 Conclusión

A veces, el acto más difícil del médico no es salvar una vida,
sino aceptar con serenidad que ha llegado su final.


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