Entre colegas | 💊 «A todos les pongo su omeprazolito, doctor… por si las moscas»

—Doctor, ya le puse su omeprazol a la señora de la 214, a la del 216 y a los dos ingresos de esta mañana.
—¿Por qué? Ninguno de los cuatro tiene indicación de sangrado digestivo.
—Por si las moscas, doctor. Es la costumbre de la sala: a todos les ponemos su protector gástrico. No le hace daño a nadie.
—¿Segura de que no le hace daño a nadie?

En un hospital público de guardia, en cualquier ciudad de Perú o México, esa conversación se repite todos los días sin que nadie se detenga a pensarla dos veces. El omeprazol —o cualquier inhibidor de bomba de protones— se ha vuelto parte del ritual de ingreso, al lado de la vía periférica y los signos vitales: se indica de rutina, a cualquier edad, con cualquier diagnóstico, «por si las moscas» o «porque así se hace aquí». Nadie pregunta si el paciente tiene un factor de riesgo real de sangrado digestivo. Nadie anota, tampoco, cuándo hay que suspenderlo. Y así, ese «protector gástrico» que nació como una medida de cuidado intensivo termina viajando —sin indicación, sin reevaluación y sin dueño— hasta la receta de la farmacia del barrio.

🔎 La observación

El razonamiento detrás de esta costumbre parece inofensivo: «por si acaso hace una gastritis de estrés, mejor prevenir». El problema es que ese razonamiento nació para un paciente muy distinto del que ocupa la mayoría de las camas de sala general: el paciente crítico, ventilado, en shock o coagulopático de una unidad de cuidados intensivos. Trasladar esa lógica, sin filtro, a cualquier persona hospitalizada por neumonía, celulitis o una descompensación metabólica es un salto que la evidencia no respalda —y que tiene un costo que casi nunca se factura en la hoja de indicaciones.

📚 La evidencia

La guía conjunta más reciente de la Society of Critical Care Medicine (SCCM) y la American Society of Health-System Pharmacists (ASHP), publicada en 2024, es clara sobre a quién está dirigida la profilaxis de sangrado digestivo alto relacionado con estrés: pacientes críticamente enfermos con coagulopatía, shock o hepatopatía crónica como factores de riesgo. La misma guía recomienda explícitamente suspender la profilaxis en cuanto el factor de riesgo desaparece, y hacerlo antes de trasladar al paciente fuera de la UCI. Es decir: la propia evidencia que sostiene esta práctica en cuidados críticos es la misma que dice que no debería continuar, mucho menos iniciarse, en la sala general.

¿Y qué tan necesario es, en esa sala general, prevenir un sangrado que casi nunca ocurre? Una revisión sistemática publicada en el Journal of General Internal Medicine (Orelio et al., 2021) sobre estrategias para reducir el uso inapropiado de IBP en profilaxis de úlcera de estrés recuerda un dato clave: el sangrado digestivo alto clínicamente importante en pacientes no críticos es infrecuente, con cifras reportadas de apenas 0,2% a 0,4%. Frente a ese riesgo tan bajo, la misma revisión documenta los daños asociados al uso innecesario y prolongado de IBP: infección por Clostridioides difficile, neumonía, fracturas osteoporóticas y, en algunos análisis, mayor mortalidad. No es una prescripción neutra que «no le hace daño a nadie»; es una prescripción con un balance de riesgo-beneficio que, fuera de la UCI, casi siempre se inclina hacia el daño.

El otro extremo del problema es lo que pasa después del alta. El AGA Clinical Practice Update sobre deprescripción de IBP (Targownik et al., Gastroenterology, 2022) señala que la profilaxis de úlcera de estrés iniciada en el hospital es uno de los escenarios clásicos donde el medicamento debería reevaluarse activamente: si el paciente ya no tiene el factor de riesgo que justificó el inicio, el IBP debe suspenderse o intentarse un retiro gradual de 4 a 12 semanas, en lugar de renovarse «porque ya lo tenía indicado». Un estudio de Blackett y colaboradores (Mayo Clinic Proceedings, 2021) documentó justamente ese fenómeno: pacientes que salen de la UCI —y de ahí, muchas veces, del hospital— cargando un IBP que nadie volvió a cuestionar, convertido en una medicación crónica de facto sin ninguna indicación activa.

🩺 El aterrizaje clínico

Nada de esto significa que el omeprazol sea un fármaco peligroso o que deba evitarse siempre. Significa que su indicación, como la de cualquier otro medicamento, necesita una razón. En la práctica de sala y guardia esto se traduce en unas pocas decisiones concretas. Primero, reservar la profilaxis de sangrado por estrés para el paciente realmente crítico —ventilado, en shock, coagulopático o con hepatopatía crónica— y no para todo el que ocupa una cama de hospitalización. Segundo, si el paciente sí tiene un factor de riesgo real fuera de la UCI (uso concomitante de AINE en dosis altas, antecedente de úlcera o sangrado digestivo, doble antiagregación, corticoide sistémico prolongado en dosis alta), esa es una indicación distinta —terapéutica o de prevención dirigida— y debe quedar escrita como tal, no disfrazada de «protocolo de sala». Tercero, todo IBP iniciado en un contexto agudo debe llevar, desde el primer día, una fecha o condición de suspensión: «suspender al alta si no hay indicación crónica» es una línea que cabe perfectamente en la hoja de indicaciones y que evita que la costumbre se convierta en tratamiento de por vida. Y cuarto, al dar de alta, revisar activamente si ese fármaco sigue teniendo una razón para existir en la receta —porque, como bien documentan los estudios de deprescripción, la inercia terapéutica es, muchas veces, el verdadero mecanismo detrás de la polifarmacia.

💡 La perla

El omeprazol «de rutina» no es un placebo inocuo: cada indicación sin una causa clara es una oportunidad perdida de preguntar por qué se prescribe, y una puerta abierta a un riesgo real cuando nadie vuelve a revisarlo.

📚 Referencias

  1. MacLaren R, Dionne J, Granholm A, et al. Society of Critical Care Medicine and American Society of Health-System Pharmacists Guideline for the Prevention of Stress-Related Gastrointestinal Bleeding in Critically Ill Adults. Crit Care Med. 2024;52(8):e421-e430.
  2. Orelio CC, Heus P, Kroese-van Dieren JJ, et al. Reducing Inappropriate Proton Pump Inhibitor Use for Stress Ulcer Prophylaxis in Hospitalized Patients: Systematic Review of De-Implementation Studies. J Gen Intern Med. 2021;36(7):2065-2073.
  3. Targownik LE, Fisher DA, Saini SD. AGA Clinical Practice Update on De-Prescribing of Proton Pump Inhibitors: Expert Review. Gastroenterology. 2022;162(4):1334-1342.
  4. Blackett JW, Faye AS, Phipps M, Li J, Lebwohl B, Freedberg DE. Prevalence and Risk Factors for Inappropriate Continuation of Proton Pump Inhibitors After Discharge From the Intensive Care Unit. Mayo Clin Proc. 2021;96(10):2550-2560.

💬 Conclusión

La próxima vez que alguien diga «omeprazol para todos, por si las moscas», la pregunta correcta no es qué dosis escribir, sino si ese paciente en verdad lo necesita —y quién, en la sala, se va a acordar de suspenderlo.


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Este contenido tiene fines educativos para personal de salud y no sustituye el juicio clínico individualizado ni las guías institucionales vigentes en cada centro.

Dr. Jorge Enrique Rojas Rodríguez — MedicinaCardiometabolica.com


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