Preeclampsia 2026: Diagnóstico, Prevención y Manejo (Lancet)

La preeclampsia complica al menos el 2–4 % de los embarazos y se asocia cada año con unas 46 000 muertes maternas y medio millón de muertes fetales y neonatales. En agosto de 2026, The Lancet publicó un nuevo Seminario sobre el tema, firmado por Walker, Magee, von Dadelszen y un grupo de organizaciones de pacientes. Actualiza el de 2020 y deja varios cambios que conviene llevar a la consulta: una definición diagnóstica más amplia, el papel real de los marcadores angiogénicos, una postura más escéptica sobre el calcio, evidencia nueva sobre el momento del parto y la idea de que la preeclampsia es un marcador de riesgo cardiovascular para toda la vida. Este resumen está pensado para internistas, ginecobstetras, médicos de primer nivel y residentes que atienden a gestantes o a mujeres que ya tuvieron una preeclampsia.

Puntos clave

  • La preeclampsia es hipertensión con disfunción orgánica materna o uteroplacentaria; la proteinuria ya no es obligatoria para el diagnóstico.
  • Un cociente sFlt-1/PlGF ≤ 38 descarta preeclampsia en la semana siguiente con un valor predictivo negativo de 99,3 %, pero los marcadores no han mejorado los desenlaces perinatales.
  • Aspirina ≤ 150 mg por la noche, iniciada antes de las 16 semanas y suspendida a las 36, reduce la preeclampsia pretérmino en mujeres de alto riesgo (62 % en ASPRE).
  • El calcio no reduce la preeclampsia cuando se analizan solo los ensayos fiables; queda para poblaciones con ingesta ≤ 900 mg/día.
  • Parto programado desde las 37 semanas, manejo expectante hasta las 33+6 e individualización entre las 34 y 36+6 semanas.
  • Tras una preeclampsia, el riesgo de hipertensión se multiplica por cuatro y el de enfermedad cardiovascular por dos: el seguimiento no termina en el puerperio.

¿Qué es la preeclampsia y por qué aparece?

La preeclampsia es un trastorno multisistémico que se detecta entre la semana 20 de gestación y las 6 semanas posparto, definido por hipertensión con disfunción orgánica nueva, materna, uteroplacentaria o ambas. Su mecanismo central es un desequilibrio angiogénico que nace en la placenta y termina dañando el endotelio materno.

El modelo clásico de dos etapas (primero la placenta enferma, después la madre) sigue vigente, pero el Seminario lo amplía con la teoría de la «suma» propuesta por Roberts: la enfermedad aparece cuando se suman factores fetales, placentarios y maternos. En un extremo, una placentación muy deficiente basta para enfermar a una madre sana. En el otro, una mujer con fuerte predisposición cardiometabólica (hipertensión crónica, diabetes, obesidad, dislipidemia) desarrolla preeclampsia con alteraciones placentarias mínimas.

El punto donde todo converge es el sincitiotrofoblasto. Bajo estrés oxidativo libera exosomas, fragmentos apoptóticos y mediadores inflamatorios, y aumenta la producción de sFlt-1 y endoglina soluble, que secuestran al VEGF y al PlGF. Sin esa señal angiogénica, el endotelio se activa: vasoconstricción, inflamación, activación de la coagulación y fuga capilar. De ahí la hipertensión, la proteinuria, el edema pulmonar, el compromiso hepático y renal, y la restricción del crecimiento fetal.

Esta visión explica dos fenotipos. La preeclampsia de inicio temprano (< 34 semanas) depende sobre todo de una placentación deficiente de larga evolución y suele acompañarse de restricción del crecimiento. La de inicio tardío, que es la mayoría, refleja más un desajuste entre las demandas de la unidad fetoplacentaria y el aporte uteroplacentario en una madre con predisposición cardiometabólica. La preeclampsia comparte con la enfermedad cardiovascular la disfunción endotelial, la inflamación, la alteración del sistema renina-angiotensina-aldosterona y el metabolismo anormal de lípidos y glucosa.

Factores de riesgo y predicción

Los factores de riesgo principales son la hipertensión crónica, la diabetes, la obesidad y la preeclampsia previa. En un metaanálisis de grandes cohortes, el síndrome antifosfolípido fue el factor más potente, seguido de la preeclampsia previa, la hipertensión crónica, la diabetes pregestacional, la obesidad y la reproducción asistida.

El problema es que las listas de factores clínicos predicen mal. Los modelos basados solo en historia clínica detectan alrededor del 50 % de los casos con una tasa de positivos del 10 %. El tamizaje combinado del primer trimestre rinde bastante más.

MomentoComponentesRendimiento y uso
Solo historia clínicaCaracterísticas maternas y antecedentesDetecta ≈ 50 % de los casos
11+0 a 13+6 semanasHistoria, presión arterial media, índice de pulsatilidad de arterias uterinas y PlGF (o PAPP-A)≈ 90 % de las preeclampsias con parto < 32 sem y ≈ 75 % con parto < 37 sem. Define la indicación de aspirina
35–36 semanasHistoria, presión arterial, sFlt-1 y PlGF≈ 80 % de la preeclampsia de término. Orienta vigilancia y momento del parto
Tasa de positivos del 10 % en todas las estrategias. Elaborado a partir de Walker MC, et al. Lancet 2026.

El tamizaje combinado está validado externamente, pero exige medir bien la presión en ambos brazos, un Doppler uterino técnicamente correcto y control de calidad. Para ahorrar recursos se puede aplicar en dos pasos, midiendo los marcadores angiogénicos solo en quienes salen de riesgo en una primera evaluación.

¿Cómo se diagnostica la preeclampsia en 2026?

Se diagnostica cuando hay hipertensión desde la semana 20 más al menos uno de estos elementos: proteinuria, disfunción orgánica materna (neurológica, edema pulmonar, compromiso hepático, lesión renal aguda o alteración hematológica) o disfunción uteroplacentaria (desequilibrio angiogénico, restricción del crecimiento fetal, Doppler umbilical anormal o muerte fetal).

Esta definición amplia es la que hoy comparten la ISSHP y las sociedades de Estados Unidos, Reino Unido y Canadá. Identifica mejor a las madres y los recién nacidos en riesgo, tanto antes como después de las 37 semanas, y la inclusión de los marcadores angiogénicos se ha asociado con menos morbilidad materna. La ISSHP, además, no distingue entre preeclampsia leve y grave, porque el cuadro puede agravarse en horas. Las guías estadounidenses mantienen el término «con criterios de gravedad».

sFlt-1/PlGF: útil para descartar

Un cociente sFlt-1/PlGF de 38 o menos tiene un valor predictivo negativo de 99,3 % para preeclampsia en la semana siguiente, con sensibilidad de 80 % y especificidad de 78 %. En el ensayo PARROT, conocer el PlGF acortó el tiempo hasta el diagnóstico, pero PARROT-2 no encontró mejores desenlaces perinatales con pruebas repetidas. Tampoco han servido para decidir la hospitalización ni para prolongar la gestación. Donde sí aportan es en la mujer con hipertensión crónica o enfermedad renal crónica, en la que identificar la preeclampsia sobreañadida solía depender de cambios subjetivos en la presión o la proteinuria.

Un dato a no olvidar: en países de ingresos bajos y medianos, hasta el 40 % de los casos se diagnostican después del parto, casi siempre en la primera semana.

Pronóstico: pretérmino frente a término

DesenlacePreeclampsia pretérminoPreeclampsia de término
Hipertensión grave28,5 %13,6 %
Morbilidad materna7,3 %2,2 %
Mortalidad perinatal4,4 %0,3 %
Peso al nacer < percentil 354,4 %14,2 %
Ingreso a unidad neonatal54,0 %8,3 %

El riesgo individual es mucho mayor en la preeclampsia pretérmino. Pero como la de término representa cerca del 75 % de los casos, concentra buena parte de la carga poblacional de complicaciones. Por eso las estrategias de prevención y de momento del parto a término tienen tanto peso en salud pública.

Prevención: qué funciona y qué no

La prevención empieza antes del embarazo, optimizando la salud cardiometabólica, controlando el peso y evitando el embarazo múltiple iatrogénico. Durante la gestación, las intervenciones con mejor evidencia son el ejercicio y la dieta para todas, la aspirina en dosis baja para las mujeres de alto riesgo y el parto programado a término.

Dieta y ejercicio

Las intervenciones basadas en una dieta equilibrada, de bajo índice glucémico y rica en fibra redujeron la preeclampsia en un 33 % (RR 0,67), sobre todo en mujeres con obesidad o diabetes gestacional. La actividad física sola (OR 0,59) y la combinación de ambas (RR 0,74) también protegieron. La recomendación práctica es al menos 150 minutos semanales de ejercicio moderado, como caminar a paso ligero o hacer tareas domésticas, incluso en mujeres antes sedentarias.

Aspirina en dosis baja

Es la intervención mejor demostrada. En ASPRE, 150 mg diarios redujeron la preeclampsia pretérmino en un 62 %. En Asia, implementar el tamizaje y la aspirina redujo la preeclampsia pretérmino en un 41 % y la muerte perinatal en un 62 %. Una revisión de siete estudios con la estrategia de tamizar y tratar (377 790 mujeres) mostró una reducción del 39 %.

AspectoRecomendación
A quiénMujeres de alto riesgo, idealmente por tamizaje combinado del primer trimestre
Dosis≤ 150 mg una vez al día, por la noche
InicioAntes de las 16 semanas
SuspensiónA las 36 semanas, o 10 días antes de un parto programado
EfectoReduce la preeclampsia pretérmino; no la de término
Pierde eficacia siSe indica solo por historia clínica, se inicia después de las 16 semanas o se da a todas sin estratificar
RiesgosMás sangrado intraparto (OR 1,63), hemorragia posparto (OR 1,23) y hematoma posparto (OR 2,21) en una cohorte sueca de 313 624 mujeres

El aumento de sangrado no invalida la aspirina, pero obliga a que la indicación sea precisa y a suspenderla a tiempo. El ensayo PEARLS, en África, compara 75 mg frente a 150 mg y medirá justamente la hemorragia posparto. Si trabajas en sala de partos, conviene tener a mano el enfoque de la hemorragia posparto y sus primeros 30 minutos.

Calcio: uso selectivo

Este es uno de los cambios más llamativos. Cuando se analizan solo los ensayos que superan criterios de fiabilidad (seis ensayos, 15 364 mujeres), el calcio no reduce la preeclampsia (RR 0,83; IC 95 % 0,67–1,04) ni la muerte o morbilidad materna grave. Los mensajes clave del Seminario dicen que ya no se recomienda, aunque su figura de prevención lo mantiene para poblaciones con ingesta ≤ 900 mg/día. La lectura razonable es el uso selectivo.

Inducción a término

En ARRIVE, inducir a nulíparas de bajo riesgo a las 39+0 a 39+4 semanas redujo la hipertensión gestacional y la preeclampsia (RR 0,64), con menos cesáreas. En PREVENT-PE, el parto programado según el riesgo calculado a las 36 semanas redujo la preeclampsia (OR 0,70) sin aumentar las cesáreas.

Manejo: cuándo finalizar la gestación

El único tratamiento probado de la preeclampsia es el parto de la placenta, así que la gran decisión antes del parto es el momento. Las indicaciones urgentes son la hipertensión incontrolable o grave recurrente pese a varios fármacos, la eclampsia, el compromiso orgánico importante y el estado fetal no tranquilizador.

Edad gestacionalConductaEvidencia
PeriviabilidadIntervencionistaEl manejo expectante tiene 27–71 % de complicaciones maternas y mortalidad fetal y neonatal > 80 %
Viabilidad a 33+6ExpectanteMenos morbilidad neonatal, sin perjuicio materno
34+0 a 36+6IndividualizarHYPITAT-II y PHOENIX: el parto reduce la morbilidad materna y aumenta la neonatal. CRADLE-4 (India y Zambia): menos hipertensión grave y muertes fetales
≥ 37 semanasParto programadoHYPITAT: menos morbilidad materna con la inducción

El manejo expectante puede ser ambulatorio si los recursos lo permiten, la presión está controlada, no hay daño orgánico que requiera evaluación diaria y la paciente puede volver al hospital en menos de 30 minutos.

Antihipertensivos y sulfato de magnesio

En la hipertensión grave, la mayoría de las guías recomiendan labetalol intravenoso, hidralazina intravenosa o nifedipino oral, con un descenso gradual en 30–60 minutos salvo que exista una emergencia con daño orgánico. Los tres logran la meta con eficacia similar, pero el nifedipino oral actúa más rápido que el labetalol intravenoso. La metildopa fue inferior.

En la hipertensión no grave, los ensayos CHIPS (meta de diastólica de 85 mmHg) y CHAP (meta < 140/90 mmHg) cambiaron la práctica: normalizar la presión redujo la hipertensión grave y las complicaciones sin aumentar la restricción del crecimiento fetal ni los ingresos neonatales. El labetalol fue el fármaco más usado. Los inhibidores del sistema renina-angiotensina-aldosterona son fetotóxicos y están contraindicados durante el embarazo. Si te interesa cómo estas metas se comparan con las de la población general, puedes revisar la clasificación y el tratamiento de la hipertensión arterial 2026.

Con los líquidos, menos es más: la expansión de volumen puede precipitar edema pulmonar, y una infusión conservadora de unos 80 mL/h durante el trabajo de parto no aumenta la lesión renal aguda.

El sulfato de magnesio reduce a la mitad la eclampsia. El esquema citado en el Seminario es de 4 g intravenosos de carga seguidos de 1–2 g/h durante 24 horas. Sigue usándose menos de lo debido por problemas de disponibilidad y de confianza del personal. Un ensayo brasileño en el posparto mostró que 12 horas no fueron inferiores a 24 horas.

El puerperio: la semana más peligrosa

Después del parto, la preeclampsia puede empeorar o aparecer por primera vez, y la presión arterial alcanza su pico entre los días 3 y 6, cuando la mayoría de las mujeres ya están en casa. Todos los antihipertensivos estudiados son compatibles con la lactancia, los diuréticos de asa solos no bajan la presión y ningún fármaco ha sido claramente superior (enalapril y amlodipino fueron inferiores a nifedipino en ensayos aislados). Los AINE son seguros como analgésicos: 11 estudios con 1750 mujeres no los asociaron con hipertensión grave.

Al alta, toda paciente debe saber reconocer la cefalea intensa, las alteraciones visuales, el dolor epigástrico, la disnea y la disminución de los movimientos fetales, y saber cuándo acudir de urgencia. Un plan de alta escrito y el control de presión en esa primera semana hacen la diferencia.

Riesgo cardiovascular después de una preeclampsia

La preeclampsia recurre en el 10–20 % de los embarazos siguientes, y alrededor del 30 % se complica con algún trastorno hipertensivo. Pero su huella va más allá: frente a un embarazo normotenso, multiplica por cuatro el riesgo de hipertensión y por dos el de diabetes tipo 2, dislipidemia, enfermedad cardiovascular y enfermedad renal crónica. También se asocia con demencia vascular y con presión arterial más alta en los hijos.

Ajustar por los factores de riesgo convencionales explica gran parte de la asociación, y añadir la preeclampsia a la calculadora QRISK apenas mejoró la predicción. Eso sugiere que la preeclampsia revela un riesgo que ya existía, más que crearlo. En la práctica, sigue siendo un modificador de riesgo cardiovascular que obliga a buscar y tratar los factores tradicionales.

La ISSHP propone un seguimiento concreto:

  • Promover la lactancia materna.
  • A los 3 meses, confirmar que se resolvieron las complicaciones orgánicas.
  • Ofrecer consejería individual, sobre todo si la presión sigue ≥ 120/80 mmHg a los 6 meses.
  • Calcular el riesgo cardiovascular a lo largo de la vida, porque el riesgo a 10 años lo subestima.
  • Hacer una revisión médica anual durante 5–10 años.

Para nuestro contexto (comentario editorial)

El Seminario cita a Brasil, con una prevalencia de 6,7 % y mayor mortalidad en mujeres negras e indígenas, como ejemplo de la desigualdad que marca a la preeclampsia en la región. Faltan datos de otros países latinoamericanos, pero es razonable esperar un patrón parecido. Tres prioridades se pueden aplicar ya, con poco costo. La primera es evaluar el riesgo antes de las 16 semanas: aunque no haya PlGF ni Doppler uterino, la historia clínica y una presión arterial media bien medida permiten indicar la aspirina a tiempo. La segunda es garantizar el sulfato de magnesio y personal entrenado en todo establecimiento que atienda partos; el esquema posparto de 12 horas viene precisamente de un ensayo brasileño. La tercera es el control de presión entre los días 3 y 6 del puerperio, cuando muchas mujeres ya regresaron a zonas alejadas y el primer nivel es el único contacto. En poblaciones con baja ingesta de lácteos, el calcio conserva sentido.

Limitaciones y matices

Es una revisión narrativa con búsqueda estructurada (enero de 2020 a marzo de 2025), sin gradación formal de la evidencia. Tiene cuatro matices que conviene conocer. El mensaje sobre el calcio es ambiguo, como ya se explicó. Casi todos los modelos de predicción y los ensayos sobre el momento del parto provienen de países de ingresos altos, y CRADLE-4 muestra que los resultados pueden cambiar en otros contextos. Dos autores son coinventores de los modelos PIERS-ML y PIERSdynamic, que el texto recomienda, y otros declararon vínculos con pruebas de PlGF y sFlt-1. Por último, los marcadores angiogénicos descartan bien, pero todavía no mejoran los desenlaces clínicos.

Preguntas frecuentes

¿Se puede diagnosticar preeclampsia sin proteinuria?

Sí. Con la definición amplia basta la hipertensión desde la semana 20 más disfunción orgánica materna (neurológica, hepática, renal, hematológica o edema pulmonar) o disfunción uteroplacentaria, como la restricción del crecimiento fetal, el Doppler umbilical anormal o un cociente sFlt-1/PlGF alterado.

¿Cuándo se debe iniciar la aspirina para prevenir la preeclampsia?

Antes de las 16 semanas, en mujeres de alto riesgo, a dosis de hasta 150 mg por la noche. Se suspende a las 36 semanas o 10 días antes de un parto programado. Iniciada más tarde o dada a todas sin estratificar, pierde eficacia.

¿El calcio sigue recomendándose en el embarazo para prevenir la preeclampsia?

No de forma general. Con los ensayos más fiables no reduce la preeclampsia (RR 0,83; IC 95 % 0,67–1,04). El Seminario lo mantiene solo para poblaciones con ingesta de calcio de 900 mg al día o menos.

¿Qué antihipertensivo se usa en la preeclampsia grave?

Labetalol intravenoso, hidralazina intravenosa o nifedipino oral, con eficacia similar; el nifedipino oral actúa más rápido. La presión debe bajar de forma gradual en 30–60 minutos, y se asocia sulfato de magnesio para prevenir la eclampsia.

¿Qué seguimiento necesita una mujer después de una preeclampsia?

Control de presión en la primera semana posparto, revisión a los 3 meses para confirmar que se resolvieron las complicaciones, consejería cardiovascular si la presión sigue en 120/80 mmHg o más a los 6 meses, cálculo del riesgo a lo largo de la vida y una revisión anual durante 5–10 años.

Para llevar a la consulta

La preeclampsia no es solo un problema del tercer trimestre. Empieza a gestarse antes del embarazo, se previene en el primer trimestre, se decide en la sala de partos y deja una marca cardiovascular que dura décadas. Tres gestos cambian mucho: evaluar el riesgo y dar aspirina a tiempo, tratar también la hipertensión no grave y no dar de alta a una puérpera sin un plan para los días 3 a 6. Y cuando una mujer mencione que tuvo preeclampsia, conviene anotarlo como un factor de riesgo cardiovascular más, porque eso es.


📩 Suscríbete para descargar el resumen ampliado en PDF y acceder al artículo original.

👉 SUSCRIBIRME AHORA

  1. Colección de libros de medicina: acceso a una colección de aproximadamente 18 GB de libros médicos para consulta y estudio.
  2. Resumen de artículos científicos, papers y ensayos clínicos: resúmenes prácticos acompañados del artículo original, para revisar evidencia médica de forma rápida y ordenada.
  3. Directorio de ensayos clínicos organizado por fármaco: ensayos clasificados por medicamento, con información clave: antecedente, PICO y resultados principales.

Referencia

Walker MC, Murphy MSQ, Scremin Souza SC, Koi-Larbi K, Costa ML, Hyett J, von Dadelszen P, Magee LA; Pre-eclampsia Patient Advocacy Collaborator Group. Pre-eclampsia. Lancet. 2026;408:847-60. The Lancet

Aviso médico: este contenido tiene fines educativos y está dirigido a profesionales de la salud. No sustituye el juicio clínico ni los protocolos locales.

Revisado por el Dr. Jorge Enrique Rojas Rodríguez, Medicina Interna · MedicinaCardiometabolica.com. Actualizado en septiembre de 2026.


Descubre más desde Medicina Cardiometabólica

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario